Dosis de xabyvita

Author: xabyvita /

Me encanta decirte cosas bonitas a ti, hacerte sentir una persona bonita, porque lo eres para mí. Me encanta ser tu apoyo, adoro esa mirada clavada en la mía y esos oídos que se abren para escucharme sólo a mí, es genial saber que mis palabras pueden servirte para afrontar los baches que puedan surgir en tu vida. Yo también las tuve o las aprendí de un modo u otro, algunas hay de cosecha propia.
Tengo 22 años, estoy naciendo para esta vida y ya siento que he aprovechado muy bien mi tiempo. He tenido problemas (no reales, pero al fin y al cabo también tengo derecho a llamarlo problemas), los he superado, y los que no, le aseguran más vida a la pluma que tengo en este tintero. Confío (y siempre lo he hecho) en la capacidad de todos nosotros de poder superar nuestros problemas sin ningún tipo de ayuda, por nosotros mismos y tener la fuerza para hacerlo. Existe, la tenemos, incluso la persona más sensible la tiene.
Tengo mi personalidad, mi mejor arma, una espada forjada de manera que es imposible que haya otra igual. Me ha costado. He sentido esa vergüenza al recordar partes del tiempo pasado que me estremece hasta el punto de cerrar los ojos y no querer abrirlos, pegarme a mi mismo en la cara al mirarme al espejo. He llorado por la impotencia de hacer las cosas mal, me he frustrado por saber que he decepcionado y me ha dolido mucho. Sí, también he sentido que no encajo en este mundo simple y llanamente porque no he encontrado a alguien con quien poder exprimir mi cariño y mi ilusión, ese amor que dicen que existe y la gente parece sentir, aunque no mantenerlo hasta el final. Me da igual a ratos, otros no.
Otra característica mía es que me gusta reírme, soy cruel, irónico, sarcástico. Hablemos de la paciencia... posiblemente sea la persona que más daño te haga diciendo lo que pienso simplemente porque crea que te viene bien o porque crea que te viene bien y además me tengas hasta los huevos. Si me atacas, puede ser que te haga aún mas daño porque posiblemente tenga la capacidad de conseguirlo. También puedo ser pasivo y dejarme pisar por el hecho de que no me merece la pena pisarte a ti y esta claro que aquí o alguien pisa o no dormimos tranquilos... vaya vida esta, eh?.
He aprendido muchísimas cosas muy valiosas, la última y a la que le he dado más uso es una frase que me dijo alguien cuando me sentí solo, abandonado y pisoteado: 'He visto lo que has hecho, y lo que has hecho te define como persona. Lo has hecho bien'.
Soy así, hay quienes ya me han conocido y quienes quedan por conocerme. Hay quienes se han reído de mí y quienes han confiado en mí... de todos de todos, que por desgracia (o no) no molo tanto.
No os voy a engañar, cometo errores, cuando quiero joder, jodo. Os digo que mi lado es el caballo ganador y no me hace falta abuela para saberlo, confío en mí y lo hago mucho. Si sale bien, mi gozo en un pozo, si sale mal, un par de penas más y libros para mi biblioteca, pero siempre voy a ir agarrándome a mi y arrastrando a los míos por la cuerda de tender de la realidad, esa de la que más de uno parece soltarse de vez en cuando.
Lo que si quiero dejar claro es que soy peligroso. No conviene ir en mi contra (en el bando de los que yo llamo CABEZONES), no conviene tener mala intención conmigo, ¿sabéis por qué? porque soy una persona tan estupenda y tan maravillosa, que aunque yo sea malo muy malo peor que malo, el tiempo nos destapa, y lo que hoy era oro mañana es mierda, pero no una mierda solida y bonita no, mierda líquida, apestosa, fea y con moscas. Aun así, se puede dar la posibilidad de que se me vaya la cabeza y me de por rebajarme al nivel de los CABEZONES, lo cual tampoco recomiendo.
Para terminar, lo dejo todo a tu elección, pero que sepas que me gustaría poder llamarte como ya llamo a más de uno: amigo. El único requisito es no haberle hecho daño a gente que quiero, bueno y no llegar a caerme mal del todo porque te podrían pitar los oídos.

Slaves

Author: xabyvita /

Habían encontrado la llave del conocimiento, no existía un mundo de ideas, ni una separación entre alma y cuerpo. El alma, única y perfecta, había quedado reducida a millones de pequeños fragmentos, separados entre sí y encerrados en diferentes cuerpos. Eso era el cuerpo, el arma del alma, su manera de mantenerse viva. Un pequeño secreto del destino, una consecuencia de su ansia por sobrevivir. Gracias al avance de su ciencia, ya no eran robots del sentir, sino guerreros privilegiados. Contaban con casi todas las armas necesarias para librar una batalla sin precedentes. Los grilletes se empezaban a aflojar conforme la existencia cobraba sentido, mientras tanto, la curiosidad comenzaba a emanar. El desafío despertaba como un gran dragón que abandonaba su sueño con ansias de aniquilar, quedaba ya menos pasos para ser libres de sus cadenas humanas. El carrete de fotos iba a ser revelado, la creación tenía cita con lo creado, un pequeño pero furioso interrogatorio. El hijo pródigo tenía muchas ganas de conocer a Papá.

Sólo existía un único pero gran problema, la muerte, tan desconocida por los vivos, era el saco, la bolsa a la que iba a parar la pena y la alegría, el llanto y la sornisa; en definitiva, una vez llegada la muerte carnal, la misteriosa y gran Tierra habría sido exprimida y usada como las naranjas de un zumo. Así se explicaba la simbiosis, ellos exprimían el alma para obtener su energía, y la Tierra exprimía los cuerpos para mantener vida en su interior. Su utilidad habría llegado a su fin, llegaría la caducidad del alimento, el fin del contrato.
Ellos se frotaban las manos esperando que llegase el momento en que los humanos se extinguiesen, y poder agarrar la bolsa de las pilas para poder seguir disfrutando de su jocosa eternidad.
El tiempo pasaba, y la pregunta estaba en alza, ¿estaban aún a tiempo de tomar las riendas?, ¿conseguirían unirse todos por una causa desconocida?. La respuesta era bien sencilla, dormía dentro, en su interior.



“Después de descender a la Tierra el alma tiene reminiscencias del mundo de la verdadera existencia…A menudo nuestro aprendizaje consiste en recordar lo que una vez supimos en otra vida” 
                                                                                                                                                               Sócrates